Publicado por el sep 11, 2013 en El blog de Lujó | 2 comentarios

Cuando el público contempla las fotos de paisaje  comenta muchas veces el consabido "que suerte tienen siempre que van a un sitio hay una luz y un cielo espectaculares". La realidad es más bien muy distinta casi siempre que vas a un sitio no hay ni una luz ni un cielo espectacular.

Hago esta reflexión debido a que hoy por segunda vez realicé el recorrido por el "paisaje protegido de las Cuencas Mineras" en concreto por la ruta Ciaño-alto de la Colladina-Sotrondio con  unas en teoría condiciones propicias. Día de nubes muy bajas ( el alto se sitúa a 900 m), nieblas y lluvia intermitente que podría permitir algunas imágenes de bosque y/o nieblas.

Después de bastante kilómetros en los que cuando no había niebla el cielo encapotado no resultaba atractivo, y cuando la niebla se cerraba llovía, regresé a mi casa de vacío otra vez más. Además cuando las cosas no está por la labor no lo están, justo en la curva del alto, dos vacas asturianas de los valles, de cabeza tremendamente oscura y desafiante contemplaban desde la niebla mi paso. En el sentido de mi marcha no había donde apartar el coche y con la imagen ya " en la cabeza" recorrí dos km  hasta encontrar donde poder dar la vuelta. Por supuesto cuando regresé las vacas ya se habían ido...

La reflexión que os quería transmitir hoy, es que si teniendo en cuenta las previsiones meteorológicas, estados de las mareas, horarios del amanecer/puesta de sol, es decir, teniendo sumo cuidado para buscar que el momento y la luz sean los mejores muchas, pero muchas, veces no lo conseguimos imaginaros si no cuidásemos todos esos detalles. Por tanto cada vez que veáis una foto de paisaje con un cielo o unas condiciones espectaculares, achacadlo en parte a la suerte, pero también al tino del fotógrafo que estaba ahí en ese momento, que casi fijo no era por casualidad.

 

Son muchas las veces que vuelves a casa con la camara sin salir del coche, con un montón de kilómetros encima y con bastante gasolina menos